Una vez conocí a un ángel que era una puta, o a una puta que era un ángel, la alteración de este orden no varia ni desluce, su sentido. En su vertiente metafórica a putas he conocido bastantes y a ángeles muchos menos pero siempre recuerdo mucho mas intensamente a las segundas que a las primeras y este angel-puta o puta-angel era ademas y literalmente las dos cosas.
A personas que comercian con su cuerpo, con los deseos o con el miedo que inspiran todos conocemos algunas e incluso puede ser que lo hayamos hecho nosotros mismos, pero nunca había tratado personalmente a ninguna profesional hasta el otoño del 2008.
Había vuelto hacia poco de pasar el verano trabajando en Ibiza, oferta que cayó del cielo a los tres meses de volver a vivir en Alicante después de haberle puesto fin en Italia (o algo así) a una relación de cuatro años con el que había sido hasta entonces y como era de rigor, el amor de mi vida. Había vuelto con energías, mas morena, con mas dinero y un poco menos triste pero con las mismas incógnitas sobre mi futuro, lejano, cercano y presente, así que mientras planeaba mi gran escapada a Madrid por vigesimooctavonovena véz en la vida, empecé a dar clases de español en una escuela privada.
La primera vez que la ví tenía ya que haber intuido algo. Era tan profundamente hermosa que a mala pena recuerdo su cara. Sus ángulos faciales perfectos y su elegante cuerpo no vienen a mi memoria cuando pienso en ella, cuando la recuerdo solo veo belleza, pura belleza.
Cuando das clases individuales eres al mismo tiempo profesor y compañero y esto hace que se creen vínculos rápidamente y esta es una manera como cualquier otra para explicar que después de nuestra primera clase ya estábamos tomando cervezas en el bar de la esquina. No recuerdo de quien fue la idea pero si que me pareció estupenda puesto que por aquella época yo no tenia nada mucho mejor que hacer. Llevaba fuera de la ciudad casi tres años y la mayoría de mis amigos se habían ido también y los que no, andaban ocupados con sus propias vidas, como en general andamos casi todos.
Nuestra primera cerveza fue tímida pero bien pronto las cañas de después de las clases se convirtieron en lo mejor de estas y bien pronto también se alargaron hasta la cena. Y entre caña y tapa fui hilvanando la historia de su vida. Vivía con un hombre bastante rico que se lo pagaba todo, incluidas las clases de español, el bolso de Armani que llevaba y las cañas que yo me tomaba porque no me dejo pagar una ronda en cuatro meses. Ella insistía en que dormían separados y yo ni me lo creía ni me importaba. El tenia una empresa y quería que ella aprendiese español para así poder trabajar en ella.
Se había criado rodeada de hermanos en una casa en la que se rifaban desde la cama hasta la comida. No tenia muchas amigas en España y me repetía siempre que podía cuan afortunada se sentía de poder pasar esas tardes de miércoles conmigo. Cuanto me arrepiento ahora de no haberle demostrado yo el mismo entusiasmo y la misma alegría por el momento compartido . Con ella podía olvidarme de mi un poco y descubrir con sus ojos el mundo que nos rodeaba que era tan ajeno para mi como para ella. Estábamos unidas por ese sentimiento que provoca el no pertenecer al lugar en el que se está, el sentirse extranjero y extraño, aunque se suponía que yo estaba jugando en casa.
Muchas tardes también íbamos de compras y yo dejaba que me asesorase sobre moda en silencio, no me azardaba a decirle nada al verla tan entusiasmada intentando cambiar mi estilo. Yo le parecía una beldad morena que necesitaba maquillarse mas y ponerse tacones y ese tema no era negociable. Cuando íbamos a comprar comida para mandarle paquetes a su familia tomaba yo el mando y me encargaba de encontrar los mejores productos y las ofertas mas convenientes. Me hacia feliz pensar que de alguna manera también yo estaba ayudando a su familia en Rusia.
Una noche a mediados de noviembre, en nuestro bar favorito y al quito o sexto nasdarovya! de orujo, me dijo, "yo puta" mientras me miraba como un niño al que acababan de pillar con las manos en la tarta de cumpleaños de su hermano. Yo no dije nada e hice lo mas sensato que se me ocurrió en ese momento; pedirle al camarero otro orujo. Me contó entonces que hacia tres años había leído en un periódico un anuncio para ir a trabajar como camarera en España, gastos de viaje incluidos y cuando no tienes nada poco tienes que perder. Nada mas llegar le quitaron el pasaporte y la obligaron a prostituirse para poder recuperarlo y conseguir el dinero para pagar por sus gastos. No hice preguntas, solo la deje hablar hasta donde ella quiso. No mencionó violencia. Dijo que al cabo de un poco se acostumbró y que los hombres con los que estuvo fueron en general buenos con ella. Así conoció al hombre con el que vivía, que pago su libertad (cinco mil euros) y la acogió en su casa. Ya no insistió en que dormían separados.
Mientas escribo pienso en lo triste que es esta historia, y que triste es también que yo no sea capaz de poner en palabras que aquel momento no lo fue en absoluto. Eramos dos chicas que se hacen confidencias y ella estaba feliz al poder contarle al fin a una amiga su historia, la historia de su vida.
Yo siempre intentaba que no se hiciera demasiado tarde, tenia reparo por si la situación en casa no era tan idílica como ella la pintaba y llegar borracha a casa la perjudicaba de alguna manera aunque ella no me lo contase, pero tratar de sacarla del bar era siempre una ardua tarea y yo no se lo reprochaba. Todo el mundo necesita a un amigo con el que divertirse y si se tienen 26 años y los últimos tres te los has pasado entre un calabozo y una jaula de oro, con mas razón todavía necesitas emborracharte con alguien ajeno a todo eso.
Aquella vez con mil promesas de noches venideras y excusas de trabajo conseguí sacarla del bar sobre las once o doce de la noche y nos fuimos a sacar dinero al cajero porque nos habíamos bebido todo el que llevabamos encima. Al entrar, como tantísimas veces, vimos a un hombre durmiendo en el suelo entre cartones. Después de sacar dinero ella reconoció al hombre y se abalanzó sobre el a saludarlo "Pero que haces tu aquí?" le repetía entre abrazos y besos de viejos amigos "pero como es posible tu aquí?" seguía repitiendo ella cada vez mas asombrada. El empezó a dar excusas vagas, un mal negocio, un divorcio, una mala racha, era temporal, después le pregunto si ella seguía... ella solo le sonrío y dijo "no no, ya no" sin dar mas explicaciones y sin modificar su expresión, sin atisbo de enojo o vergüenza. Entonces ella saco todo el dinero que acababa de obtener del cajero y se lo dio, sin decir nada, sin añadir nada y sin moralizar y sin esperar un gracias le deseó buena suerte de corazón y se fue. En la calle ella empezó a llorar. Me dijo que había sido cliente suyo y no paraba de preguntarme con sus grandes ojos fijos en los míos, "¿como es posible irene?" Me contó que ese hombre tenia casa, dinero, mujer. "¿como es posible irene que vida tan mala, triste e injusta?"
Yo no supe que responder y ahora, casi cuatro años después, cuando pienso en ella, me gustaría poder responderle que no lo sé, pero que lo mas posible en la vida es que las mas grandes y puras lecciones te las dé quien menos te lo esperas y quien seguramente mas motivos tiene para pensar que la vida es fea, y sucia e injusta y cruel, es quien la hace a veces mas bella.