Wednesday, August 31, 2011

El privelegio de la soledad.

Cada vez que me tiro un pedo pienso en mi abuela y además de la consabida sensación de desahogo que conlleva el acto de liberar gases, soy feliz recordando unas palabras que me dijo un día al respecto y que han hecho del acto de poder tirarse pedos por la mañana en la soledad de mi casa una de las mas gratas ventajas de no compartir mi espacio con nadie.
Un domingo que me encontraba de visita en su casa, depues de una opipara comida, me preguntó lo siguiente como si llevase horas buscando el momento mas adecuado para hacerlo;
 "Nena, alli en la Holanda esa, ¿vives solita?"
 "Si abuela, tengo una casa pequeña en la que vivo sola, ¡pero esta muy bien, es muy bonita!"
Mientras ella miraba al infinito con sus ojillos rellenos de niebla y cubiertos de arrugas yo me sentía mal porque creía que en ese momento ella estaba pensando en cuan lejos y sola me encontraba yo en Holanda. Despues me miró y me dijo;
"que bien, así te puedes tirar todos los peicos que quieras sin que nadie te moleste" y así, automaticamente y como por arte de magia, mi abuela añadió a partir de ese instante un privilegio más al hecho de no compartir mi vida con nadie; el disfrute absoluto de expulsar gases a cualquier hora y en cualquier lugar de mi casa sin ningún tipo de verguenza, miedo o contención. Privelegio en el que yo, por mi misma, nunca habría reparado si no hubiese sido por su sabia observación. Asi que cada vez que me tiro un pedo en mi casa, sola y lejos de todo el mundo, pienso en cuan afortunada soy, me acuerdo de ella y me rio o al menos, me sonrio.

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