Cuando me preguntan
que porque no hablo holandés después de llevar viviendo mas de 3
años en ese país, invento las excusas mas variopintas y sagaces y
no escondo que una de ellas es que me provoca una pereza infinita.
Pero la verdad que no admito delante de nadie es que estoy esperando
aprenderlo por arte infuso. Me emociono pensando en la llegada de ese
día en que me levantaré por la mañana y de repente lo entenderé
todo y seré capaz de hablarlo sin haber abierto un libro. Aun así la verdad mas absoluta, es que no
quiero saberlo. No quiero entenderlo. Una de las razonas por las que
todavía sigo aquí es por el estado ideal en el que vivo al no
entender absolutamente nada de lo que pasa a mi alrededor y ahorrarme
así los sufrimientos que el conocimiento conlleva. Porque lo que no
se sabe que sucede no es como si no sucediese, es que basicamente no sucede.
No tengo televisión
y leo en el periódico las noticias que quiero. Y lo que pasa en
España solo me hace perder el buen humor cuando yo quiero, no cada
vez que salgo a la calle y me veo obligada a entender lo que pasa a mi alrededor, quiera o no quiera.
Mi madre está
muy preocupada por que piensa que me me voy a convertir en uno de esos
extranjeros que depués de llevar 40 años viviendo en un país no son
capaces de hablar el idioma autóctono. Osea la versión española de
un giri con casa en Benidorm.
Mis amigos holandeses
están mosqueados por mi poco empeño en aprender su idioma mientras mi novio
filtra dulcemente la información para mi, sobre todo lo que dice su
madre. Yo le estoy infinitamente agradecida por ello.
Cuando voy a España
y lo entiendo todo vuelvo a casa agotada después de haberme pasado
el día escuchando tres mil burradas y desatinos por la calle,
conversaciones en la parada del autobús o en la cola del cine y
teniendo que haber realizado tres mil ejercicios de contención para
no emprender discusiones callejeras o en el supermercado con el
primero que me suelta un "con Franco esto no pasaba" o "la
juventud de hoy lo que no quiere es trabajar". Tal vez es que
paciencia no tenga mucha pero lo mas seguro es que mi cerebro realiza
una comparación inconsciente con el universo de paz de mi ignorancia
holandesa.
Pero lo peor de todo
es la violencia acústica o la violación auditiva. Mis ideales, mis
principios se ponen en entredicho por personas que no conozco a las
cuales no tengo mas remedio que escuchar porque ando atascada en un tren
con ellos.
Y entonces vuelvo a
Holanda, al silencio, a poder disfrutar de todo mi tiempo mental para
mi y solo para mi, sin interferencias, solo con el ruido que a veces
provocan esas eres guturales cual escupitajos y me siento feliz otra
vez de no enterarme básicamente de nada.

yo tampoco lo logro aunke para mi siendo alemán es muxo más fácil aprenderlo...;-)
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